CUANDO LA PALABRA PREFERIDA DE MAMÁ ES NO

¿De qué sirve ser niños si no les dejamos ejercer?

Son numerosas las ocasiones en las que me detengo a reivindicar el «derecho a ser niño». En la sociedad de hoy en día en la que todo va tan rápido, es fácil observar comportamientos «maduros» en niños «pequeños».  Lo más sorprendente sin embargo no es esto, sino que cuando un niño se comporta como tal, le cae un comentario del tipo: «va, no te comportes como un niño pequeño, PORTATE BIEN».

Esta última parte «calificadora» es la que más me choca. Pues pareciera que «ser niño» fuese «portarse mal». Ya no sólo hago referencia a comportamientos que corregimos a los niños, pues lo cierto es que en muchos otros contextos interpersonales, los «comportamientos infantiles/immaduros» son calificados como «negativos/ inadecuados».

En muchos casos, estos comportamientos que presentan los adultos, son la consecuencia directa de una represión emocional en edades infantiles. Pues como indicaba al inicio de este apartado, si no dejamos a los niños ejercer de niños en el momento que les toca hacerlo, es probable que esta represión emocional acabe saliendo por otro lado.

Por lo que es aconsejable comprender que cada edad tiene unos comportamientos diferentes. Además, la gestión de las emociones es algo que se aprende con los años. Y por encima de todo, es importante respetar que cada persona tiene un ritmo de aprendizaje diferente. La realidad que vive cada individuo además, tiene una gran influencia sobre su capacidad de aprendizaje (modelos, estabilidad emocional, situaciones vitales, etc.). Por lo que antes de juzgar, intentemos comprender a las personas DE CUALQUIER EDAD.

“Sí pero hasta aquí”

Que comprendamos su emoción y respetemos su comportamiento (de acuerdo a su edad, realidad, contexto, etc.) no quiere decir que debamos aceptar cualquier cosa. Es cierto que un niño es un adulto en fase de desarrollo y que por lo tanto es obligación del adulto ayudarle durante este proceso. Si dejamos que sigan «sus impulsos infantiles» en todo momento, dificilmente van a aprender a gestionarlos y adaptar sus comportamientos al conjunto de normas de conviviencia social.

No obstante, a menudo abusamos del uso de la palabra NO. Curiosamente está palabra se ha asociado a una «fase del desarrollo en la que el niño busca reafirmarse»,  pero yo tengo mis dudas. Pues la realidad es que sobre los 18 meses, cuando casi todo ser humano ya camina y empieza a explorar el mundo, la palabra que más escucha con diferencia a lo largo del día es el monosílabo NO.

TRES TIPOS DE NO

Entre otras cosas, si queremos enseñar a nuestros hijos a reafirmarse de otra forma que a partir del uso del NO, podemos comenzar por:

– Evitar decir NO: en su lugar, podemos decir claramente qué es lo que queremos ver o que los demás hagan en un determinado momento.

– Para evitar escuchar NO: podemos dar opciones limitadas, pero donde el otro tenga dónde elegir, en lugar de dar órdenes que pueden provocar una negación. Un sí pero aquí…o sí pero una sola vez más…se encajan mucho mejor que un NO (especialmente si  a este último nisiquiera le sigue una explicación).

– Cuando el NO es inevitable, también debe ser INQUEBRANTABLE: por lo que decidlo de forma serena y estando convencidos de que no puede ser de otro modo. Está claro que hay cosas de las que debemos proteger a los niños, y por lo tanto, dentro de los límites de la comprensión y el respeto hacia el otro, todos debemos modelarnos un poco.Este modelaje podemos hacerlo de muchas formas. No obstante, son muchos  los profesionales se han dedicado a estudiar la fuerza del lenguaje y han demostrado que un lenguaje positivo siempre conduce a mejores resultados.

Explicarlo y mantenerlo

Francoise Dolto, enunciaba que «sin importar lo pequeño que fuera y al margen de que maneje o no el lenguaje verbal, un ser humano tiene la misma capacidad de comprensión desde que está en el vientre de la madre hasta el día de su muerte». Por lo que no valen escusas del tipo «no vale la pena que se lo explique, porque total, tampoco me va a entender»

Además, está demostrado que el abuso en el uso de una misma palabra acaba restándole fuerza a su significado. De ahí (según yo) el abuso de los niños del uso del NO. Pues son numerosas las veces en las que lo utilizan «sin sentido». Pareciera casi que fuera «un juego» decir que NO. Y la realidad es que los adultos también lo hacemos. Al retraernos delante de situaciones en las que no nos hemos parado a pensar antes de decir que NO; transgrediendo normas que hemos puesto en el pasado porque en esta ocasión no nos convienen, etc. desvalorizamos nuestros NOes.

En conclusión, si queremos que nuestros hijos digan otras palabras que NO, es importante que los cambiemos nosotros primero. Si en lugar de un NO les damos un argumento, es probable que ellos, en una situación en la que hubieran utilizado ese mismo monosílabo, también nos digan otra cosa. No olvidemos que los niños no son más que «pequeños adultos en potencia». Todo lo que les enseñemos y aprendan, será lo que les definirá en un futuro, y todo lo que les reforcemos de lo que ellos mismos ya SON, será lo que les hará diferente y únicos en el mundo.